VIAJE EN LA AUTOPISTA
no se detenían los relojes impávidos por el polvo
el tiempo sin duda era de harina cocinándose en el fondo del vaso
esa blancura gorda con su redondez mórbida
deletreaba cada estrella
para saborear la oscuridad mas densa que la última bocanada de las agujas
en cada espasmo de tiempo
no sé si mi locura colgaba de cada puente donde dormían
el silencio y el crujir de la llantas con esa saliva espesa
densa como espejo que cae a gotas
que moja y agita el hambre
no sé si mi locura desvanece el temblor de la tormenta
cobijada en mis ojeras
duende diminuto soy en la autopista
una especie de hormiga inmortal agigantándose con cada trago de vodka
de súbito me hago alacrán vestido de asfalto
con un coro de piedras a lo largo de cada paso diluido de nube
mi aguijón se hace corto
tanto odio y apenas rozo el cielo gris como lamento de dios en celo
moja dios
moja dios
moja mi hambre como serpiente que se come las uñas en cada rama amarilla
moja con esa lluvia que moja mis labios exiliados en el corazón de las rocas
hechas pan en el poema que escribiré al esparcir mi sangre
con ese verso fulminante bajo las ruedas de un automóvil
todos los viajes duelen como carie que sangra a final de la noche
como noche cortada por la menta de algún demonio
duelen los corredores nocturnos de asma fusilándose de neblina
esos pasillos con rejas de cera
a lo lejos las luces de la carretera pervierten a los ángeles sin eco
un túnel puede cortarte en mil pedazos
como los trozos de Hendrix que se esconden en tu cabeza
como los rostros perdidos en alguna canción de Morrison
escondidos en el corazón de los parques
todos los viajes parecen espejismos en los pies sangrantes
que danzan como libélula por los caminos
que se derriten a lo largo de los latidos interminables del cielo
ese asfalto humedecido es tan negro como tu boca de muerto
es que el túnel te abraza con el aire frío huérfano de huracanes
sus brazos son largos que hiela las canas abotonadas de rocío
tan blanca es la cabellera del muerto?
el túnel hace que la sangre galope
que corra temblorosa como el miedo a doscientos kilómetros por hora
de súbito las estrellas tatuarán esa canción
mientras el túnel te muerde la espalda
para que el vacío te arrulle
acaricie esa última arruga partida que te nació de golpe
al dividir el horizonte con la sanguínea sombra que te cobijará
tres metros bajo tierra
caminar es una orgía que el polvo deshace
cuando se mojan cansados los dedos de esa nostalgia
que cría cayos donde duele cada pizada de ceniza
ese paso de fiera hecha eclipse cuando se viste de nube su dentadura delgada
es cuando se adivinan mas insectos en el sueño
pero no mueres
muerto estas
caminar en ese viaje exquisito de huesos procreados por esa mojadura
que cambia nombres en el momento exacto
en que tus dientes sienten un fuego arder en el alumbrado
caminas solo con el reflejo de tu sombra de pájaro de cartón
carcomido por la lluvia que ahueca las grietas de la calle
extensa como el húmedo huracán de tu mujer acuchillada por tus dedos
es que imaginas que la leche negra es caliente como tu memoria
no es el fogón caliente de la cocina abuela
que te alimentaba para curar las cicatrices de ave pintada de aceituna
la que imaginas con ese disparo de ojo helado
cansado de tanto vociferarte las imagenes
no es esa cocina de la abuela itinerante de casa en casa cuando tus pupilas sienten
la fria muerte hecha de esa tinta oscura
ella danza y se cuece a golpes de gotas
en cada parpadeo del silencio
la piel de los cementerios tiene su velo retratado en la autopista
allí las cruces dictan sentencia al sol
al equivocado abismo visitado de mariposas en primavera
cada poro habla como grieta tragándose al mundo
la luz desvanece al poema que inconcluso
se harta de esperar a que la última llaga suspire un nombre
para imaginarse los pasos hundidos en medio de una ola
sumergidos como ese temblor de dientes secuestrados por el aire frio de septiembre